InfantiJuegos.com
Juegos Infantiles - Suscríbete gratis Suscríbete gratis Juegos Infantiles - Ayuda Ayuda Juegos Infantiles - Ranking Ranking Juegos Infantiles - Recomendar Recomendar Juegos Infantiles - Juegos para grandes Juegos para grandes
Juegos Infantiles - Acción Juegos Infantiles - Aventura Juegos Infantiles - Clásicos Juegos Infantiles - Deportes Juegos Infantiles - Estrategia Juegos Infantiles - Habilidad Juegos Infantiles - Lógica Juegos Infantiles - Música Juegos Infantiles - Plataformas Juegos Infantiles - Cuentos
 
Juegos Infantiles - Cuentos infantiles Juegos Infantiles - Más cuentosJuegos Infantiles - Envianos tu propio cuento
 
Ratoncito Pérez
Dolores Roca Cases
 
Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio.
El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer.

Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vio un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros..., parecía que alguien se iba a instalar allí.

Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental. A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Maria.

Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón. Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina.

Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso. Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos.

Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca. Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes.

El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él. Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio cómo el doctor José M